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Thursday, 7 April 2016

Pope Francis: Divine Mercy excludes no one / Papa en Su Catequesis


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Pope Francis arrives for the General Audience in Saint Peters Square, Vatican City, 6 April 2016 - ANSA

(Vatican Radio) Pope Francis held his weekly General Audience in St. Peter’s Square on Wednesday, during the course of which he began a new chapter in his catecheses on mercy, one focusing specifically on Christ’s fulfillment of the promise and action of mercy revealed to humanity through God’s Chosen People, as expressed in the New Testament.

The Holy Father said that the Gospels show us a Jesus who, in every moment of His earthly life, made mercy visible: meeting the crowds, announcing the Gospel, healing the sick, drawing close to the forgotten, pardoning sinners.

The Pope went on to say that the love Christ showed was a love open to all, a love which was fulfilled on the Cross. “Jesus,” said Pope Francis in an emphatic departure from his prepared remarks, “did not bring hatred, nor did He bring enmity: He brought love – a great love – a heart open to all – to all of us – a love that saves.”

The Holy Father went on to say that no one is excluded from God’s merciful love – and that He proved this once and for all from the Cross. “We are all sinners,” he said in another emphatic departure, “but we are all forgiven: we all have the possibility of receiving this pardon, which is the mercy of God; we need not fear, therefore, to recognize ourselves sinners, confess ourselves sinners, because every sin was carried by the Son to the Cross.”

Pope Francis concluded with an exhortation to frequent the Sacrament of Reconciliation, saying that it offers us the forgiveness that flows from the Cross and which renews us in His grace, and inviting everyone everywhere in this Jubilee Year to embrace the Gospel with greater vigor and be heralds of the Father’s mercy and forgiveness.

Retrieved from Vatican Radio http://en.radiovaticana.va/news/2016/04/06/pope_francis_divine_mercy_excludes_no_one/1220605 [accessed 06 April, 2016].



Texto completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Después de haber reflexionado sobre la misericordia de Dios en el Antiguo Testamento, hoy iniciamos a meditar sobre como Jesús mismo lo ha llevado a su pleno cumplimiento. Una misericordia que Él ha expresado, realizado y comunicado siempre, en cada momento de su vida terrena. Encontrando a la gente, anunciando el Evangelio, curando a los enfermos, acercándose a los últimos, perdonando a los pecadores, Jesús hace visible un amor abierto a todos: ¡ninguno está excluido! Abierto a todos sin límites. Un amor puro, gratuito, absoluto. Un amor que alcanza su culmen en el Sacrificio de la Cruz. ¡Sí, el Evangelio es de verdad el “Evangelio de la Misericordia”, porque Jesús es la Misericordia!

Los cuatro Evangelios afirman que Jesús, antes de iniciar su ministerio, quiso recibir el bautismo de Juan Bautista (Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22; Jn 1,29-34). Este acontecimiento imprime una orientación decisiva en toda la misión de Cristo. De hecho, Él no se ha presentado al mundo en el esplendor del templo: podía hacerlo, ¿eh? No se ha hecho anunciar al son de trompetas: podía hacerlo. Ni mucho menos ha venido en las vestiduras de un juez: podía hacerlo. En cambio, después de treinta años de vida oculta en Nazaret, Jesús se acercó al río Jordán, junto a tanta gente de su pueblo, y se puso en la fila con los pecadores. No ha tenido vergüenza: estaba ahí con todos, con los pecadores, para hacerse bautizar. Por lo tanto, desde el inicio de su ministerio, Él se ha manifestado como Mesías que asume la condición humana, movido por la solidaridad y la compasión. Como Él mismo afirma en la sinagoga de Nazaret identificándose con la profecía de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19). Todo lo que Jesús ha realizado después del bautismo ha sido la realización del programa inicial: traer a todos el amor de Dios que salva. Jesús no ha traído el odio, no ha traído la enemistad: ¡nos ha traído el amor! ¡Un amor grande, un corazón abierto a todos, a todos nosotros! ¡Un amor que salva!

Él se ha hecho prójimo con los últimos, comunicando a ellos la misericordia de Dios que es perdón, alegría y vida nueva. ¡El Hijo enviado por el Padre, Jesús, es realmente el inicio del tiempo de la misericordia para toda la humanidad! Todos aquellos que estaban presentes en la orilla del Jordán no entendieron enseguida el significado del gesto de Jesús. El mismo Juan el Bautista se sorprendió de su decisión (Cfr. Mt 3,14). ¡Pero el Padre celeste no! Él hizo oír su voz desde lo alto: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección» (Mc 1,11). De este modo el Padre confirma el camino que el Hijo ha iniciado como Mesías, mientras desciende sobre Él como una paloma el Espíritu Santo. Así el corazón de Jesús late, por así decir, al unísono con el corazón del Padre y del Espíritu, mostrando a todos los hombres que la salvación es el fruto de la misericordia de Dios.

Podemos contemplar todavía más claramente el gran misterio de este amor dirigiendo la mirada a Jesús crucificado. Mientras está por morir inocente por nosotros pecadores, Él suplica al padre: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Es en la cruz que Jesús presenta a la misericordia del Padre el pecado del mundo: ¡el pecado de todos! Mis pecados, tus pecados, los pecados. Es ahí, en la cruz, que Él los presenta. Y con ella todos nuestros pecados son borrados. Nada ni nadie queda excluido de esta oración sacrificial de Jesús. Esto significa que no debemos temer en reconocernos y confesarnos pecadores. Pero, cuantas veces nosotros decimos: “Éste es un pecador, éste ha hecho esto, aquello…” y juzgamos a los demás. ¿Y tú? Cada uno de nosotros debería preguntarse: “si éste es un pecador. ¿Y yo?”. Todos somos pecadores, pero todos somos perdonados: todos tenemos la posibilidad de recibir este perdón que es la misericordia de Dios. No debemos temer, pues, de reconocernos pecadores, confesarnos pecadores, porque todo pecado ha sido llevado por el Hijo en la cruz. Y cuando nosotros lo confesamos arrepentidos confiando en Él, estamos seguros de ser perdonados. ¡El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que brota de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha traído! No debemos temer nuestras miserias: no debemos temer a nuestras miserias. Cada uno de nosotros tiene las suyas. La potencia del amor del Crucificado no conoce obstáculos y no se acaba jamás. Y esta misericordia borra nuestras miserias.

Queridos, en este Año Jubilar pidamos a Dios la gracia de tener experiencia de la potencia del Evangelio: Evangelio de la misericordia que transforma, que nos hace entrar en el corazón de Dios, que nos hace capaces de perdonar y de mirar al mundo con más bondad. Si acogemos el Evangelio del Crucificado Resucitado, toda nuestra vida es plasmada por la fuerza de su amor que renueva. ¡Gracias!


(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

Retrieved from Radio Vaticano http://es.radiovaticana.va/news/2016/04/06/catequesis_papa_francisco_evangelio_de_la_misericordia_jesus/1220586 [accessed 06 April, 2016].



(梵蒂岡電台訊)教宗方濟各4月6日上午在聖伯多祿廣場主持週三公開接見活動,大約4萬人參加。教宗在當天的要理講授中開始講解福音中的慈悲,強調每一個人雖有自己的困窘,但基督的愛與寬恕永不枯竭。

教宗從福音中耶穌在世的5個重要行動談天主慈悲:耶穌“會晤人群、宣講福音、治癒病患、走近弱小、寬恕罪人”。耶穌本來可以像君王那樣來到世上審判眾人,甚至可以從十字架上走下來,滿足一些人的要求。但祂沒有這樣做,卻與貧苦人為伍,奉獻自己,為人類開啟了慈悲時期。

“耶穌沒有在殿宇的輝煌中來到世界上,祂不是大可這樣做嗎?祂沒有吹鼓奏樂宣告自己的到來,但祂有能力這樣做!祂也沒有以法官的姿態來到,但祂能夠做到!相反地,耶穌在納匝肋度過了30年的隱居生活後,來到約旦河,與祂的許多子民在一起,與罪人為伍。他不覺得難為情:祂與眾人,與罪人一起在那裡受洗。”

教宗表示,基督一開始祂的使命,就彰顯出祂是承受人類處境的默西亞,同情憐憫人類。祂受洗後所行的一切都是在實現祂的初始計劃,將天主的救贖之愛帶給眾人。這是純淨、不求回報,無與倫比的愛。

“耶穌沒有帶來仇恨,沒有帶來敵意:祂為我們帶來了愛!這是一種崇高的愛,一顆為眾人,為我們所有人敞開的心!這是救贖之愛!耶穌走近弱小者,告訴他們天主的慈悲乃是寬恕、喜樂及新生命。耶穌,天父所派遣的聖子,真實地開啟了全人類蒙受慈悲的時期!”

教宗解釋道,天主的慈悲在哥耳哥達的苦難到達巔峰,耶穌在十字架上說的話永遠改變了人的處境:“父啊,寬赦他們吧!因為他們不知道他們做的是什麽”(路廿三34)。 “耶穌在十字架上將世界的罪呈獻於天父的慈悲:這是眾人的罪,是我的罪,你的罪,你們的罪。祂在那裡,在十字架上呈獻了世人的罪。藉著這個舉動,我們的一切罪都被消除。任何事物及任何人都沒有被擋在耶穌祭獻祈禱的門外。”

教宗最後勉勵信友們勤領修和聖事,懺悔並全心信賴天主,避免陷入自以為是,不接受天主寬恕的誘惑。“我們每個人都該問自己:‘沒錯,那是個罪人。可是我呢?’我們大家都是罪人,但我們都得到了寬恕:我們人人都有機會蒙受寬恕,天主的慈悲。我們不必害怕自己的困窘。我們每一個人都有自己的困窘。基督十字架上愛的大能所向無敵,永不枯竭。天主慈悲能消除我們的困窘。”

當天是第三屆促進發展與和平國際體育日。教宗方濟各在公開接見活動結束時,向在場人士談到聯合國的這項創舉說:“體育是一種拉近各民族距離的普世性語言,它可以促進人際交往及超越衝突。因此,我鼓勵把體育運動當作訓練美德的場所,以增進個人與團體的全面發展。”


二零一六年四月七日上午取自梵蒂岡廣播電台 http://zht.radiovaticana.va/news/2016/04/06/%E6%95%99%E5%AE%97%E5%85%AC%E9%96%8B%E6%8E%A5%E8%A6%8B%EF%BC%9A%E8%80%B6%E7%A9%8C%E7%82%BA%E7%9C%BE%E4%BA%BA%E9%96%8B%E5%95%9F%E4%BA%86%E6%85%88%E6%82%B2%E6%99%82%E6%9C%9F/1220843.

Thursday, 17 March 2016

Pope Francis' General Audience of 16 March 2016 / Audiencia general / 教宗公開接見

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Dear Brothers and Sisters: As part of our continuing catechesis during this Holy Year devoted to God’s mercy, we now turn to the message of consolation found in the book of the prophet Jeremiah. The jarring experience of the Exile had shaken the faith of the Chosen People, yet the prophet proclaims that God, far from abandoning his people, reaffirms his faithful love and his promise of salvation. Jeremiah’s words of consolation and hope have a particular resonance today in the light of so many tragic situations of exile throughout our world. They also tell us of God’s gracious offer of forgiveness, restoration and the possibility of a new beginning. The prophet’s imagery of the desolate land turning into a garden, and the joyful throngs ascending Mount Zion, speak of God’s power to bring life out of death and blessing out of evil. Jeremiah’s prophecy finds supreme fulfilment in the coming of Jesus, whose paschal mystery proclaims the triumph of God’s merciful love and his promise of reconciliation, renewal and life eternal.
Retrieved from http://w2.vatican.va/content/francesco/en/audiences/2016/documents/papa-francesco_20160316_udienza-generale.html [accessed 17 March, 2016].


El Profeta Jeremías se dirige a los israelitas que habían sido deportados y les anuncia el regreso a su tierra. Esta vuelta en patria es signo del amor infinito de Dios que no abandona a sus hijos, sino que los cuida y los salva. El exilio fue una experiencia muy dura para el pueblo de Israel e hizo que su fe vacilase. También nosotros podemos vivir a veces algún tipo de exilio, como la soledad, el sufrimiento, la muerte, que nos hace pensar que estamos abandonados de Dios. Nos podemos preguntar: ¿Dónde está Dios? El Profeta Jeremías nos da una respuesta: Dios está cerca de nosotros, es fiel y hace grandes obras de salvación en aquellos que esperan en él. Dios ama con un amor sin límites, que ni el pecado puede frenar, y hace que el corazón del hombre se llene de alegría y consolación. Jesús ha llevado a plenitud el anuncio del profeta. Su pasión, muerte y resurrección es la expresión definitiva y más plena del amor misericordioso de Dios, que nos devuelve del exilio, nos conforta en las adversidades y nos concede alegría, paz y vida eterna.
Retrieved from http://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2016/documents/papa-francesco_20160316_udienza-generale.html [accessed 17 Marzo, 2016].


(梵蒂岡電台訊)教宗方濟各3月16日上午在聖伯多祿廣場主持週三公開接見活動,4萬人在場參加。教宗在要理講授中以慈悲與安慰為主題,談到目前數百萬移民被拒之門外的悲慘遭遇,希望各國執政當局敞開心門,開放國門。教宗強調,天主沒有離棄我們,即使在今天的悲慘情況下,祂依然與我們同在。

教宗首先講解《耶肋米亞先知書》第31章的内容。當時,以色列子民被迫離開家園,充軍到巴比倫,在異鄉過流亡生活。天主藉著先知的口安慰祂的子民,預言他們必要返回祖國。教宗從今天流離失所者的處境回顧昔日流亡的以色列子民,指出耶肋米亞先知安慰以色列子民的一席話,也正是向今天那些從中東、非洲和亞洲來到歐洲的新流亡者說的。

教宗表示:“我們經常聽到有人這樣說:‘天主忘記了我’。這些人感到痛苦和被遺棄。可是,我們有多少兄弟姐妹此時正處在一種實際和悲慘的流亡狀況,他們遠離祖國,眼裡仍然是家園倒塌的瓦礫,心中充滿恐懼,常常因失去親人而悲傷!在這樣的情況下,我們會問:‘天主在哪裡?’”

這數千年來款待與關懷外鄉人的文明傳統在哪裡?“無辜的男人、女人和兒童為什麽會遭受這麽大的痛苦?”“當他們設法進入某些別的地方,門就向他們關閉了。他們停留在邊境上,因為許多門戶和許多心靈都關閉了。今天,這些移民飢寒交迫,被關在門外進不去,得不到接納。我很希望聽到和看到各國及執政人士敞開心靈,開放國門的消息!”

教宗指出,耶肋米亞先知激勵以色列子民的信念,今天也同樣激勵著那些嚮往一塊福地和一個新希望的人。這個信念曾支持了阿爾巴尼亞在遭受嚴厲迫害和摧毀後又重新站立起來。同一個信念也在支持著中東地區的人民。

“天主沒有離棄我們,即使在今天的悲慘情況下,祂也與我們同在。天主臨近仰賴祂的人,為他們施展救恩的偉大工程。我們不可失望,卻應繼續不斷地堅信善必定戰勝惡,上主定會擦乾每個人的眼淚,解除我們的一切恐懼。”

教宗最後表示,流亡的以色列子民返回新的耶路撒冷也是對一顆“懺悔的心”予以安慰的重大徵兆。“主耶穌已經實現了先知的這個訊息。從流亡之地真正和徹底回歸,那道在信德黑夜過後令人感到欣慰的光芒,正是藉著主基督的復活而實現的。基督的復活是體嚐天主完美及決定性的愛,那賜予喜樂、平安及永生的慈悲大愛”。